jueves, 6 de febrero de 2025

E PUR SI MUOVE



Foto de riachuelo a lo largo del que paseé muchas veces. Tomada por mi en Lewes, Inglaterra, 2019.

Evocación de las pinturas prerafaelitas

En el año 2013, junto a un grupo de personas hermosas, viajamos para llegar a las faldas del Salto Ángel. Algunas subieron un trecho por sus laderas, otras nos quedamos abajo, contemplando desde la otra orilla del río, el magnífico espectáculo de la fuerza y movimientos de la naturaleza.

Hubo muchas oportunidades para el silencio y la contemplación, acompañadas por el arrullo del río y la tibieza del sol. La cúspide de esta experiencia de silencio sucedió para mi en el viaje de regreso. Al llegar a cierto punto del río, quienes maniobraban la canoa apagaron el motor y nos invitaron a escuchar y observar.  Observé la densidad del verdor en las orillas y la extensión hacia el interno del territorio, escuché la brisa suave que me acariciaba el rostro, cerré los ojos y noté la intensidad de todo ello latir en mi pecho, y aunque era muy sutil, percibí como la canoa se desplazaba suavemente gracias a la corriente profunda del río. Jocosamente me dije “e pur si muove”, sintiéndome cercana a Galileo Galiley en sentimiento.

Hoy revivo esa sensación, pero en tierra firme, mientras reflexiono sobre las situaciones cambiantes que he vivido y mi manera de vivirlas. En todas las situaciones, una manera de vivirme declaró un final sin mi consentimiento. En todas sentí miedo, fracaso, y dudas. En casi todas traté de “resolver” con esfuerzos excesivos. En todas busqué acompañamiento que me facilitara ver lo que no sabía ver.

Todos estos años después, y aun viviendo finales y reinicios, puedo percibir con claridad para mí, cómo las viejas situaciones siempre estuvieron moviéndose hacia una transformación. Esos finales me eran siempre anunciados a través de incomodidades que yo no comprendía, y las minimicé con interpretaciones calmantes. Con cada final las incomodidades se acentuaron y distingo como ellas mismas, con sus características particulares, alimentaron una manera diversa de vivirme que a su vez reorganizó asuntos de la vieja manera de vivirme.

¿Cómo me defino a mi misma si lo viejo alimenta a lo nuevo que retroalimenta a lo viejo? Primero, uso la palabra viejo a propósito, porque todos estos movimientos silenciosos como la corriente del río que movía la canoa me acercan a esa edad humana en la que comenzamos a llamarnos viejos. Pero pensando en que todo luce como un movimiento continuo del que me doy cuenta solo en retrospectiva, no me puedo llamar vieja sino envejeciendo. Es decir, no soy una cosa u otra, y así como denominamos “procesos” a las conversaciones consecutivas en coaching y psicoterapia, yo misma estoy en procesos.

Esta distinción me hace entrar en las conversaciones de coaching con cada vez más foco en lo que va sucediendo en el proceso dentro de mis clientes, de mí, y de nuestra interacción. En lugar de vivirnos mutuamente como si fuéramos un computador que reiniciamos o de hablar de “conexión” como si fuéramos cables eléctricos, o de buscar acciones posibles demasiado rápido, después de haber remado a través de preguntas y reflexiones, la invitación comienza a ser para ambos, hacer pausas, como el canoero en medio del ancho río, para escuchar y dejar que las aguas imperceptibles de nuestra vida interior nos anuncien aquello a lo que estamos siendo invitados a continuación.

El río nunca es el mismo río y sin embargo, el movimiento de sus corrientes es lo que garantiza la continuidad de su existencia. Para ello, es importante aprender a pausar y escuchar profundamente, para navegar sin dejarnos atrapar por la vorágine de la velocidad como valor y recuperar nuestra capacidad para “lograr” desde actitudes que faciliten la continuidad de lo que nos une, de lo que nos ayuda a mantenernos unidos, del ritmo de nuestras relaciones, de la evolución en nuestros roles y de cómo hacemos este viaje juntos.

“Cómo se llega es a donde se llega”.  El sombrerero en Alicia en el país de las maravillas.


viernes, 18 de marzo de 2022

LOS COLORES DEL VIVIR

Imagen tomada de http://r1.ufrrj.br/seminariopsi/kairos2019/



La velocidad a la que ocurren los cambios demanda de nosotros niveles de aprendizaje  complejos. Esto aplica tanto en el espacio personal como en el profesional y social. Los acontecimientos globales que comenzaron con la pandemia Covid develan la necesidad de atender lo verdaderamente importante y nos han puesto en jaque respecto a nuestros estilos de vida,  el ejercicio de la democracia, las ideologías capitalista y socialista y la sustentabilidad ecológica. 

En este escenario estamos siendo llamados a una revisión que requiere ir más allá de desarrollar competencias y habilidades para manejar los cambios: ¿Qué sociedad y qué mundo crearemos de ahora en adelante? ¿Qué personas seremos en ese mundo? ¿Se encarga ese mundo de pensar y actuar para el bien mayor?

Detrás del modo de conducir los asuntos colectivos sociales, políticos, económicos y ecológicos descansa una sombra de las mismas dimensiones de la idea de Progreso, defensa de los Derechos Humanos, Libertad y Democracia. En nombre de estos bienes mayores hemos desatado guerras y creado una división insoportable e insostenible ya. Éstas no son acciones nacidas de la luz de la conciencia sino desde su opuesto en un despliegue de actitudes como el racismo, el clasismo, el fanatismo, la homofobia, la avaricia, el feminicidio, la guerra y tantos otros horrores de los que están llenos los medios de prensa. Esto quiere decir que el blanco esconde todo lo negativo que asocia con una persona de otro color de piel en su propia sombra; que un rico esconde sus juicios sobre la pobreza en su sótano del alma y un hombre entierra muy profundo la imagen negativa de lo femenino que ha internalizado.

Por mucho que pretendamos unos y otros negarnos a nosotros mismos los contenidos de nuestras sombras, vale decir, todo aquello que despreciamos porque por la razón que sea nos parece negativo o diabólico, la verdad es que la sombra no es algo muerto y actúa a través de conductas como las arriba descritas. Esconderlas detrás de la escusa de la libertad de expresión es la forma más sofisticada de nuestra propia ceguera.

Además de la necesidad de abrir espacios de encuentro y conversaciones que faciliten la creación de puentes que podamos cruzar de ida y vuelta para una convivencia con características muy distintas a la que genera la violencia de nuestras sombras, necesitamos, mujeres, hombres y naciones, mirarnos con honestidad y conversar con nosotros mismos antes de enarbolar valores que resultan insustanciales tras la realidad de personas sin acceso a ningún tipo de bienestar, llevado hoy día a un extremo insoportable, doloroso y preocupante.

Sé que lo que estoy describiendo cae en el terreno de lo que no queremos leer, escuchar o ver, y desafía al optimismo forzado. Sin embargo, hay buenas noticias desde la sombra aunque para llegar a ellas, necesitemos también ver los grises y negros propios y colectivos.

La posibilidad creativa y creadora está en sombra, sobre todo en quienes más tomados por su lado oscuro están. La compasión, el amor, la empatía, la cooperación, la posibilidad del abrazo y del cuidado de la vulnerabilidad propia y ajena, también descansan en el sótano que espera que aparezcamos con una velita encendida para sacarlos de allí y ponerlos a buen uso. 

Culturalmente criados para competir, para obtener beneficios, para ganar dinero, para tener, tener, tener, todas las buenas cosas, desde la compasión hasta el cuidado por el otro, van hundiéndose en el subsuelo del alma personal y colectiva. En el mismo momento que hemos tenido un gran logro y nos sentimos muy orgullosos de nosotros mismos, aparece una semilla de todo lo opuesto: en algún momento nos sentimos un fraude o nos vamos inflando, creyéndonos superiores. No lo hacemos a propósito. La psique funciona así porque en nuestra naturaleza humana experimentamos todo tipo de emociones, nos gusten o no. La sombra es entonces un contrapeso que nos invita constantemente a la humildad y desde ella, a colocarnos al servicio de los movimientos de la propia alma para aprender y al servicio de la creación de una convivencia que aunque nunca estará desprovista de sombras, tenga los mecanismos de la auto-observación y la reflexión para reorientar las velas de nuestras naves y descubrir todos los colores de nuestra alma.

jueves, 26 de abril de 2018

DESDE OTRO LUGAR

Dos frases salieron involuntariamente de mi boca al partir de Venezuela,  hiladas por lo que la emoción  reconoce y que la mente tarda un poco en darle forma. La primera, al sentarme en el avión que me traería al otro lado del Atlántico, "Ahora sabré de qué estoy realmente hecha". La segunda, también al sentarme, esta vez en el tren que me traería de Madrid a Vigo: "Sagrado corazón de Jesús". La pregunta con respecto a mi destino late detrás de estas palabras.

¿Qué cosa es esta del destino? Me ronda esta  pregunta  mientras me centro en los anhelos de mi esposo y míos. Surgen los miedos y aun siento la tristeza de la despedida de los espacios y las personas que fueron testigo de mi andar y donde y con quienes tejí afectos. Esta mañana, al despertar, la palabra Moiras salió de mi boca involuntariamente. Ya mis dedos no pudieron detenerse. Tengo que escribir, me dije. Es mi manera de seguir hilando una vez que por fin sale una palabra que se me muestra como punta de una madeja de hilo.

En la mitología griega hay narraciones sobre las Moiras, las tejedoras del destino de los mortales. Ellas controlan el hilo de la vida, y reparten las obras y un trozo de ese hilo a cada persona al nacer. Las Moiras son tres: Láquesis mide con una vara la longitud del hilo de la vida, Cloto lo hila con una rueca y un huso y Átropos , lo corta. De las tres, solo la última trata con lo inevitable: la muerte. Eso significa átropos, lo inevitable, lo que deja de girar, lo que finalmente se detiene.

Todas las culturas han desarrollado mitos que explican para cada una, el sentido de la vida, cómo ocurren las cosas y la conducta humana. Uno de los poderes del mito yace en su capacidad, mediante las imágenes que lo pueblan, de transmitir el conocimiento sobre nosotros mismos como especie y en relación con la vida. En su núcleo se encuentra una simbología que es tan antigua como actual. Al escuchar o leer el relato de un mito de algún modo nos sentimos conmovidos. ¿Cómo es posible que lo que vivieron los griegos, los sumerios, los africanos, los asiáticos y los esquimales se parezca tanto a lo que ahora vivo yo y muchos otros? El mito nos devela la semilla que compartimos en todas las latitudes y las imágenes de cada mito nos muestran la expresión de esa semilla en cada cultura. 

Parece un determinismo decir que la semilla es común, así como destino parece una palabra determinista. De ser así, nuestra única acción sería la espera y nuestro sentimiento predominante, la resignación. Destino y futuro son palabras que nos recuerdan a la incertidumbre. ¿Qué hay más allá del hoy? ¿Quién seré mañana?  Mi interpretación del relato sobre las Moiras es que destino y futuro se tejen hasta que ya no tenemos más tiempo para tejer y el hilo se rompe para volver a formar parte del humus y así, siempre en la vida.

Estas tres figuras femeninas vestidas de blanco están en nuestro firmamento interior. 

Somos algo parecido a Cloto. Nos han dado un hilo de vida de cierta longitud que un día será cortado y mientras tanto, giramos la rueca. Creemos que nuestras ideas, decisiones y acciones son enteramente nuestra creación. Tomamos decisiones y actuamos con la sensación interna de ser nosotros los hacedores de nuestro destino.  En un sentido lo somos, mas en otro, nuestra vida es tejida por aquella semilla común de relatos infinitos. 

Siento a estas mujeres de blanco en el pecho. Blancas como un lienzo sin pintar, igual al mini lienzo que sin saber porqué compré y puse sobre el escritorio que mi amiga puso en el cuarto que me acoge en su casa. Ante él, surgió la necesidad de pintar un punto rojo en una esquina. Cloto sostiene sin duda mis manos y siento a Láquesis y a Átropos en mi vulnerabilidad.

Sintiéndolas a las tres, cada una en su función, comprendo que hay una separación de los espacios por los que me era costumbre andar y una separación de los amigos y la familia con quienes tejí lazos, pero no una ruptura, porque la rueca sigue hilando. Nuevos lugares y nuevas gentes se me irán mostrando en el hilar que continúa e iré sabiendo qué me habita y si sabré relacionarme con ello con compasión.




















viernes, 20 de octubre de 2017

TESTIGOS ETERNOS

Algo me hace ceder.

Hay dos testigos en la esfera celeste y el manto de agua densa cae sobre mi. Pesa sobre mis huesos.

Se descarga el cielo de su furia de agua y ahora las gotas son casi un rocío. Sigo afuera, mojándome, y me dejo caer suave sobre el barro que recibe mi forma y mis dimensiones. Me permite acomodarme en su regazo esta madre grande, este útero que ama. Descanso. Suspendidos los ruidos, vuelvo a encontrarme con un hilo que lo hilvana todo.

Me conmueve que esta esfera azul le hable claramente a mi corazón y éste a ella, para agradecerle. Es toda continente. Una cuna gigante que el sol divisa a lo lejos como un punto de su galaxia y a mi, no me conoce. No sabe ni le importa mi nombre. Me siente, como yo a ella, como presencia necesaria, testigos mutuos de lo viviente.

Otro testigo aguarda. El disco plano de luz en el cielo negro de la noche no me muestra su preñez. Esconde su panza, siempre oscura, útero primero. Sin darme cuenta me pregunto por el lado de atrás de mi corazón. Me sorprende una exhalación que me hace percibir los latidos hacia mi espalda que llegan hasta los huesos de mi columna.  El aire sale y me invita a una fiesta calma.

Todo baja,  cede, se abre,  se humedece. Hay un concierto armónico dentro de mi que me dirige y mueve al líquido rojo dentro de mis venas,  al aire blanco que me afloja y a la masa negra dentro de mis huesos que como el otro lado de la luna,  solo puedo intuir desde las pulsiones de mi corazón. 

Me preña la luna








viernes, 23 de diciembre de 2016

TODO TIENE SU MOMENTO

Abrí un libro y cayó al suelo un papelito con la siguiente cita:

     "Todo tiene su momento y todo cuanto se hace bajo el sol tiene su tiempo. Hay un tiempo de nacer y un tiempo de morir; un tiempo de plantar y un tiempo de arrancar lo plantado; un tiempo de matar y un tiempo de sanar; un tiempo de destruir y un tiempo de edificar; un tiempo de llorar y un tiempo de reír; un tiempo de lamentarse y un tiempo de danzar; un tiempo de lanzar piedras y un tiempo de amontonarlas; un tiempo de abrazarse y un tiempo de separarse; un tiempo de buscar y un tiempo de perder; un tiempo de guardar y un tiempo de tirar; un tiempo de rasgar y un tiempo de coser; un tiempo de callar y un tiempo de hablar; un tiempo de amar y un tiempo de aborrecer; un tiempo de guerra y un tiempo de paz"
                                                                          Eclesiastes 3: 1-8

Ahora estamos en tiempo de navidad, un símbolo de renacimiento y oportunidad para agradecer, reflexionar, y sostener el sentido de nuestras vidas desde los anhelos del alma de cada quien.

Ninguna persona experimenta internamente un mismo fenómeno igual que lo hace otra. Cada amigo con el que he conversado tiene una manera muy diferente de ver a y vivir en Venezuela, pero todos compartimos la misma tristeza por la destrucción y la descomposición del tejido de relaciones humanas. A nadie puedo decirle que  lo viva de otro modo, y mi deseo profundo es que nadie se sienta culpable por estar haciendo o no algo que "se supone" debería hacer o no.

Una cosa que he aprendido en mi propio proceso es que aunque la descomposición es colectiva, el camino personal no puede perderse de vista, y cada alma sabe lo que necesita hacer, cuándo y con quien.

Sin embargo también siento que son importantes la empatía y la consideración por la realidad del otro, y la consideración del impacto de nuestras acciones y nuestras palabras en términos de creación o destrucción.

Ninguna persona o país ha crecido a partir de la ceguera o la negación de la realidad global. No somos islas, aunque aún siéndolas, no somos inmunes a las acciones de otros tal como los demás no son inmunes a nuestras acciones. La estupidez del radicalismo de cualquier tipo descansa en la creencia en una pureza que no existe en ninguna parte en la naturaleza. Son ideas inconexas de la verdad de la vida humana y de la vida del planeta. Son ideologías, constructos desarrollados a partir de miradas cuadriculadas y de una sola cuadrícula. Son ojos que desprecian la diversidad y por lo tanto son incapaces de asumir la responsabilidad de manejar las vicisitudes de la vida. 

Ninguna realidad cambia por decreto, ni siquiera la política. La realidad será otra en la medida que las personas reflexionemos y nos movamos más hacia el aprecio por la diversidad aunque no se esté de acuerdo con todo, y sepamos manejar nuestras diferencias apropiándonos de nuestra manera de ver la vida y valorando que el otro está haciendo lo mismo. Diálogar no es el acto balurdo de autoritariamente forzar al otro a conversar. Hace falta madurez y  voluntad de querer de veras una transformación, transformación por la que los dialogantes mismos han de atravesar.

Así que este deseo navideño teñido de política es realmente un deseo de que aprovechemos que tenemos menos oportunidades para evadirnos, y utilicemos el relativo descanso de estos días para estar presentes (sin mentirnos a nosotros mismos), y en el encuentro con otros sepamos estar presentes en su realidad sin pretender que sea otra. Aceptemos que estamos en lo que estamos, y sepamos con ello compartir la oportunidad de repensarnos, de volvernos a sentir desde los latidos vulnerables del corazón, agradecer el milagro de la vida, y entre sonrisas y abrazos amorosos de navidad y año nuevo, escuchar profundamente cuál es esa nueva realidad esperando ser materializada por nosotros, y actuar en consecuencia a partir del 1 de enero de 2017.

Todo tiene su momento, y lo sabio es saberlo reconocer, aceptarlo y obrar.

Un cálido abrazo para todos con mis mejores deseos.

                                  

miércoles, 7 de septiembre de 2016

MISTER HYDE

En Después de la catástrofe, un artículo  sobre  el fenómeno alemán después de la Segunda Guerra Mundial, Jung dice:

"No es en verdad poca cosa conocer la propia culpa y la propia maldad, y no es ningún beneficio perder de vista la propia sombra. Pues la conciencia de culpa tiene la ventaja de ponernos en condiciones de cambiar o mejorar algo. Es sabido que lo que permanece en lo inconsciente no cambia; solo en la conciencia pueden realizarse correcciones psicológicas". OC Vol 10, par 440

Aquí culpa, me aventuro a decir, hace referencia a la vergüenza que se siente cuando entramos en contacto con un horror que nos habita y que tiene la capacidad de movilizarnos hacia la reflexión y la integración.

Al respecto de este proceso de integración, continúa Jung al final del texto:

"Con la lúcida aceptación de la culpa colectiva <haciendo referencia a la responsabilidad inconsciente del pueblo alemán respecto a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial > se dará un gran paso hacia adelante. Pero esto por sí solo no representa ninguna cura, como tampoco se cura ningún neurótico por el mero hecho de comprender. Sigue aún sin respuesta la pregunta: ¿Cómo vivo con esta sombra? ¿Qué actitud es necesaria para poder vivir a pesar del mal? Para hallar respuestas válidas a estas preguntas se requiere una total renovación espiritual que nadie nos va a dar, que debemos conquistar nosotros mismos. Tampoco es posible seguir utilizando sin revisión viejas fórmulas que una vez tuvieron su valor, pues las verdades eternas no pueden transmitirse de manera mecánica, deben nacer de nuevo dentro del alma humana en cada época". OC Vol 10 par 443.

En un conflicto bélico nadie queda inmune. La maldad, la capacidad destructiva del hombre, se despierta en cada uno y nos moviliza internamente. Se abre la puerta hacia un aspecto de nuestra sombra que hasta ese momento se hallaba inconsciente. ¿Por qué a nosotros? es una pregunta inútil. El planteamiento junguiano es más el para qué, que siempre apunta a la toma de consciencia y al trabajo atento y cuidadoso de asimilación e integración, y como él mismo dice en el texto, es un trabajo íntimo, personal, interno. No hay fórmulas prefabricadas. Lo único que sabemos es que la sombra forma parte de la vida psíquica del ser humano, y por lo tanto nos hacemos un flaco favor si la negamos, pues solo perpetuamos catástrofes.

Así pues, el trabajo interior que cada persona necesitaría hacer no es juego de niños, y solo las imágenes que nuestro propio inconsciente nos envía traen la guía de las actitudes que nos permitirían vivir conociendo algunos contenidos de nuestra sombra para no ser poseídos por ella ni actuarla inconscientemente. La imaginación creativa no viene de nuestro ego, viene de la sombra y de otros contenidos de lo inconsciente colectivo.

La sombra cuando nos posee nos hace actuar como una bestia, y nuestra ceguera echa mano de la intelectualización y los ideales – o mejor dicho, de la idealización – para justificar atrocidades. Así que con esto tenemos  eso que nos gusta tanto y que llamamos un “tipcito” para reconocer la cara de nuestro propio Mr. –o  Mrs.- Hyde.

La runa vikinga Hagalaz hace referencia a la disrupción, a una discontinuidad radical. El oráculo dice que cuando esta runa sale en tu lectura “Mientras más severa la disrupción en su vida, más significativo y oportunos los requisitos para su crecimiento. En medio de la disrupción, en el centro de la tormenta, tome coraje: sepa que el universo y su propia alma están demandando que usted, de hecho, madure”. (Tomado del Libro de las Runas de Ralph H. Blum).


Tome coraje, es una expresión idiomática del inglés - “take heart”- heart es corazón en inglés. Así que ese centro simbólico donde experimentamos las alegrías y los horrores de nuestra humanidad son el refugio de nuestra consciencia para humanizarnos, que en una actitud definitivamente incómoda, pero receptiva, sospecho que nos salva.